Los 18,3°C registrados representan la temperatura más alta en décadas, síntoma de la crisis ambiental que está viviendo el planeta.

La Antártida es uno de los territorios más relevantes para las condiciones climáticas del planeta. Su extensión es de 14 millones de km2 y su capa de hielo tiene hasta 4,8 km de espesor: si se derritiera, el nivel del mar se elevaría aproximadamente 60 metros.

Reservorio del 90% del agua dulce del mundo, el territorio antártico es hoy escenario de las graves consecuencias del cambio climático. Según se informó desde la base argentina Esperanza, se registró una temperatura inédita, que superó el anterior récord de 17,5°C, de marzo de 2015.

Las altas temperaturas generadas por el calentamiento global aceleran el proceso de derretimiento de los polos, lo que provoca variaciones de temperatura en las aguas y eleva el nivel del mar.

La Organización Meteorológica Mundial señaló que en los últimos 50 años alrededor del 87% de los glaciares de la costa oeste de la Antártida han retrocedido, un proceso que se ha acelerado en la última década.

Entre varias de las consecuencias que esto genera, resalta la preocupación por las especies que habitan el territorio antártico. Es el caso de los pingüinos, cuya supervivencia está cada día más en riesgo. Según datos de Greenpeace las colonias de esta especie se redujeron más del 75% en 50 años, una cifra sin dudas alarmante.

Se trata, en suma, de un nuevo indicador de una problemática que requiere el compromiso y el accionar todos, para frenar las amenazas y proteger al planeta y a las especies que en él habitan.