Ámbitos de gran generación de residuos, los hospitales y centros de salud son fundamentales para promover el cuidado del medio ambiente.

La correcta gestión de los residuos y la implementación del reciclaje es una responsabilidad que debe ser asumida por todos: las personas en sus casas, las empresas, las escuelas, los gobiernos municipales, las instituciones públicas. Y es también una práctica importante de ser implementada en instituciones sanitarias, en las que se generan altos volúmenes de residuos, tanto hospitalarios como los denominados “residuos sólidos municipales”, aquellos generados en la actividad diaria en casas e instituciones, como el plástico, el vidrio o el papel. Aquí les contamos sobre los distintos tipos de residuos, y elementos a tener en cuenta para una separación apropiada en instituciones médicas.

Los residuos hospitalarios

La separación de los Residuos de Establecimientos de Atención de Salud (REAS), que acarrean potenciales peligros sanitarios, es fundamental para evitar la contaminación del ambiente y la transmisión de enfermedades. Esto ha cobrado mayor relevancia en el último tiempo debido a la pandemia del COVID-19 y al gran volumen de residuos médicos que implican las mascarillas, guantes y demás elementos de prevención.

Los REAS se clasifican en: peligrosos (los residuos que presentan riesgo para la salud pública y/o el medio ambiente, por su toxicidad, inflamabilidad, reactividad o corrosividad); radioactivos de baja intensidad (residuos contaminados por radionucleidos en concentraciones superiores a los niveles de exención establecidos); especiales (los que contienen agentes patógenos en concentraciones o cantidades suficientes para causar enfermedades; por ej, cultivos y muestras, plasma, suero, tejidos, restos biológicos, agujas, bisturís); y sólidos asimilables a domésticos (cartón, papel, metal, vidrio, restos de comida, plásticos).

Según la normativa, cada uno de ellos debe contar con un contenedor específico, identificado por su color: rojo para los residuos peligrosos, amarillo para los residuos especiales, y gris para los sólidos asimilables a domésticos.

 

 

Residuos reciclables en hospitales, una gran oportunidad

La correcta gestión y tratamiento de los residuos hospitalarios es una tarea básica y reconocida por todos. Sin embargo, no siempre se reconoce el enorme porcentaje de residuos “comunes” que allí se generan: según datos de la Organización Mundial de la Salud, del total de residuos generados en establecimientos sanitarios, alrededor de un 85% son residuos asimilables a domésticos, esto es, residuos no peligrosos similares a los que generamos en nuestras casas o nuestros trabajos: papeles y cartones, plásticos, vidrios, metales, restos de comida (fuente).

Debido a este volumen masivo de desechos, la implementación de un programa de gestión de desechos eficiente, con el equipo adecuado para gestionar tanto los residuos médicos como los reciclables, proporcionará y traerá grandes oportunidades de ahorro de costos para la institución.

 

¿Sabías que la mayoría de los residuos generados en establecimientos de atención de salud en Chile son potencialmente reciclables?

 

Es por eso que la implementación de un programa de gestión de residuos que no se circunscriba únicamente a arrojar todos los sólidos asimilables a domésticos a una bolsa gris o negra, sino que incluya la separación según material para el posterior reciclaje, se revela esencial para todo centro médico. De este modo, además de favorecer el funcionamiento interno de la institución, jugarán un destacado rol como actores activos, responsables y comprometidos con el medio ambiente, generando un entorno “verde” en su comunidad.

 

 

¿Qué tener en cuenta al implementar el reciclaje en un establecimiento de salud?

Análisis previo
A la hora de construir un programa de gestión de residuos y reciclaje es siempre recomendable una instancia previa de diagnóstico de la situación. Contar con un panorama claro acerca de cuántos residuos se generan, qué tipos de residuos son los de mayor volumen, qué días o en qué áreas de la institución se genera cada uno, qué zonas son las más transitadas por el personal interno y por el público, son datos valiosos para luego planear cómo organizar el reciclaje. Es útil identificar espacios relevantes para la generación de residuos: salas de espera, salas de emergencia, quirófanos, comedor, oficinas internas; cada área puede tener su particularidad. Algunos son casos más evidentes: habrá más desechos orgánicos en zonas en las que haya alimentos, y habrá más residuos de papel en oficinas internas.

Información
Para que un programa de reciclaje sea eficiente, es imprescindible contar con el compromiso de todos los que forman parte de la institución. Es por eso que capacitar y sensibilizar al personal acerca de la importancia de reciclar, y de cómo se llevará a cabo, es fundamental para el buen funcionamiento interno. Esto incluye información general (sobre la importancia de gestionar adecuadamente los residuos, las consecuencias que trae una mala gestión, los beneficios para el medio ambiente y las personas que implica el reciclaje, etc.) e información práctica (cómo deben ser separados los residuos, dónde estarán ubicados los contenedores, quiénes serán los encargados del posterior traslado de lo recolectado, etc.).

Trabajo colaborativo
Para acompañar el desarrollo del programa, es muy útil trabajar coordinadamente con actores relevantes del lugar en el que se encuentra la institución: gobierno municipal, recicladores de base, empresas recolectoras, etc. La acción colaborativa entre múltiples participantes permitirá que la estrategia ambiental obtenga más impacto y adhesión en toda la comunidad.

Seguimiento
La implementación de un programa de reciclaje no finaliza luego de la instalación de contenedores o de la colocación de carteles: para mejorar su eficacia, es un proceso continuo que debe ser evaluado y retroalimentado.

 

 

Los contenedores
Los contenedores para separar los residuos son elementos centrales en todo programa de reciclaje. Deben estar ubicados en lugares accesibles y prácticos, en espacios visibles donde se agrupe gente (pero sin estorbar la circulación). El funcionamiento diario de la institución y el análisis previo pueden brindar pistas acerca de dónde es mejor colocarlos. Deben adaptarse a los hábitos y espacios de lugar: por ejemplo, contenedores para residuos orgánicos en zonas de comida, o contenedores para papeles en oficinas en las que se generen documentos e impresiones.
Junto a los contenedores es necesario contar con gráficas que expliquen como separar los residuos. Muchos cuentan con la posibilidad de colocar el nombre y el símbolo del residuo correspondiente. Las etiquetas deben ser llamativas y fáciles de entender, siguiendo un mismo diseño para estandarizar toda la gráfica de la institución.
Contenedores hay de distintos estilos, tamaños y diseño, y deben ser elegidos según su funcionalidad y el criterio estético de la institución.

 

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